Es un poco más de la medianoche… por fin cayó el telón… ha finalizado un acto más de la obra de mi vida y esta vez la melancolía interpretó el rol protagónico, insolentemente robó mi atención, restando propiedad a la alegría y entusiasmo que procuré estuvieran presentes... creo que si yo fumara, mi cenicero estaría a más no poder. Es en días como hoy cuando anhelo tener un hombro sobre el cual recargar mi cabeza, una mano fiel dispuesta a levantarme, o simplemente alguien con quien compartir mi locura.

Y así fue que sin querer, sumergiéndome en la inmensidad del ciberespacio en busca de algo (que hasta ahora no se que era) encontré un texto que hace mucho no leía: “El principito” , gran obra de Antoine de Saint-Exupéry… sin duda uno de mis libros favoritos... y que al contrario de lo que muchos creen no es un libro infantil sino un perfecto análisis del comportamiento humano…

¿Qué significa "domesticar"? -volvió a preguntar el principito.

-Es una cosa ya olvidada -dijo el zorro-, significa "crear lazos... "

-¿Crear lazos?

-Efectivamente, verás -dijo el zorro-. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos. Y no te necesito. Tampoco tú tienes necesidad de mí. No soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo...

-Comienzo a comprender -dijo el principito-.

-Mi vida es muy monótona. Cazo gallinas y los hombres me cazan a mí. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres son iguales; por consiguiente me aburro un poco. Si tú me domesticas, mi vida estará llena de sol. Conoceré el rumor de unos pasos diferentes a todos los demás. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra; los tuyos me llamarán fuera de la madriguera como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves allá abajo los campos de trigo? Yo no como pan y por lo tanto el trigo es para mí algo inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada y eso me pone triste. ¡Pero tú tienes los cabellos dorados y será algo maravilloso cuando me domestiques! El trigo, que es dorado también, será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo.

El zorro se calló y miró un buen rato al principito:
-Por favor... domestícame -le dijo.

-Bien quisiera -le respondió el principito pero no tengo mucho tiempo. He de buscar amigos y conocer muchas cosas.

-Sólo se conocen bien las cosas que se domestican -dijo el zorro-.

El principito se fue a ver las rosas a las que dijo:
-No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.

Las rosas se sentían molestas oyendo al principito, que continuó diciéndoles:

-Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mí rosa es igual que cualquiera de ustedes. Pero ella se sabe más importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas ) y es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa, en fin.

-Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos.

Fue ahí cuando repasando un vez más las páginas que hace algunos años devoré que encontré el esencia de mi conflicto existencial… necesito domesticar y ser domesticada… preciso reconocer el rumor de unos pasos diferentes a todos los demás… tener a alguien, para mi, único en el mundo y ser a la vez única en el mundo para ese alguien…, pero claro, es difícil entender esto, y es que: Lo esencial es invisible para los ojos..

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